lunes, 2 de noviembre de 2009

Consejos de un mariachi desde el panteón para vivir mejor

Por única vez en el año, había más personas con vida que sin ella en el camposanto. Unos acompañaban a sus muertos y otros se ganaban la vida vendiendo comida impregnada de polvo de panteón, en el fresco y ventoso 2 de noviembre que se “vivió” en el puerto jarocho.

A las 11:13 de la mañana, la marimba comenzó a entonar “amor eterno” en el abarrotado Panteón Jardín de la Ciudad de Veracruz. 50 metros más adelante, el mariachi consolaba a los familiares de un difunto diciéndoles que “la vida es un sueño”.

“¡Cuando me muera no voy a llevarme nada!” cantaba una voz quebradiza sobre las tumbas, y afuera del Panteón Jardín los vendedores lanzaban agrias quejas contra el ayuntamiento que se dio vuelo cobrándoles “por metro” de banqueta para vender comida y flores.

364 pesos pagó por cada metro una señora dedicada a vender flores, que se reservó su identidad “porque desgraciadamente soy roja”, aludiendo a su afinidad al PRI, y advirtió, jocosa, que “¡Jon (Rementería, alcalde) se está pasando de lanza!” con las cuotas impuestas por su administración.

El mismo sentir se encontraba en cada puesto de vendimia, y aunque el mariachi dijera que al morir “nomás me voy a llevar un puño de tierra”, los comerciantes informaban a los reporteros sobre las tarifas arbitrarias que habían pagado al municipio de Veracruz, lo cual ya les había asegurado irse a casa con mucho menos dinero de lo que esperaban.

Pagaron cuota todos: la señora de las cocadas, la de los esquites, la de las flores, la de los cocos y caña de azúcar, la de los chiles rellenos y atole, la de los cacahuates y hasta el de la bicicleta que vendía “agua limpia” para los arreglos florales de las tumbas.

Fue un lunes tranquilo en la ciudad y agitando en la morada de los difuntos. Mientras en el zócalo y otras zonas conflictivas el tráfico fluía con rapidez, un agente de tránsito se quejaba de su brazo entumido de tanto hacer la señal de “avance” desde las 7 a.m. afuera del panteón, ante la burla de los franeleros que se dieron cita.

Hoy todo seguirá igual. Las tumbas, apretadas bajo el acecho de la hierva, los muertos a descansar y los vivos a “darle gusto al gusto” porque “la vida pronto se acaba”.

3 comentarios:

Lola dijo...

...que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son...

Anónimo dijo...

Que bonito!!!

Anónimo dijo...

Estuve ahí y la esencia de tu crónica, lo describe mejor para los que solo caminamos por el panteón, sin escuchar ni mirar a nuestro al rededor...
Felicidades!**