sábado, 13 de septiembre de 2008

El miedo del policía


R. Soberanes
 
Seis balazos incrustados en una pared y otros seis que penetraron en una patrulla, son el vestigio de un encuentro entre un policía y un ladrón que están vivos de milagro.
 
De una llamada de auxilio, como las hay cientos por día a través de la radio de la patrulla, se desencadenó una persecución a pie. El comandante iba corriendo tras el delincuente. Cuando éste supo que no iba a poder escaparse y sintió muy cerca la presencia del policía, tomó la decisión de parar y sacar el arma. Con su perseguidor a seis metros de distancia, se creó una situación en la que alguien habría de morir.
 
Los dos dispararon seis veces, fueron fracciones de segundo, se hizo el silencio. El instante siguiente sirvió para hacer recuento de los daños. Dicen los que han recibido balazos que de momento uno no siente que lo han herido; ninguno de los dos sangraba, ya no eran policía y ladrón, sino dos seres humanos con miedo a morir. Ambos siguieron corriendo, pero ahora en direcciones opuestas para no verse nunca más.
 
Seis balazos de uno, seis de otro, a seis metros de distancia. "Tu sólo te enfocas a tu objetivo, lo que tu tienes a tu alrededor se borra, solamente hay como un túnel entre tu objetivo y tu, todo lo ves en fracciones de segundo, todo pasa muy rápido". Son palabras del comandante de la Policía Intermunicipal Veracruz-Boca del Río (PIB), Marcos Conde Hernández.
 
Tiene el grado de supervisor, y coordina desde su patrulla a unos 200 elementos que operan en la zona conurbada de Veracruz y Boca del Río. Es conocido por su afán de andar en las calles, maneja él su camioneta desde las 8:00 pm hasta las 8:00 am, se baja a caminar en las colonias marginales con dos escoltas que toman posiciones estratégicas en torno a él para protegerlo. Cuando este personaje acude a un "auxilio", llegan en el acto otras 4 patrullas, esté donde esté.
 
Ninguna providencia vale cuando hay dos hombres tirándose a matar dentro de ese túnel donde nada más existe. "Dices tu, mucha táctica, mucha técnica, sabes todo lo que tienes que hacer y cómo lo tienes que hacer, pero en ese momento se te olvida, te bloqueas, nomás te dices a ti mismo, `tienes que salvarte` se te olvida lo que estudiaste, lo que te dijo tu maestro".
 
Según el elemento políciaco, los que entran en ese túnel a enfrentarse a balazos son los pobres. La inseguridad que él ve en el día a día, como integrante de la PIVB, proviene del desempleo que es más que palpable en la principal zona urbana del estado de Veracruz, en colonias que no aparecen en las guías turísticas, sino en las secciones de los periódicos a la que algunos llaman "la Sociales de los pobres".  
 
Algunos de ellos, "no tienen otra salida" y se meten de policías. Una profesión ingrata, según otro elemento de la PIVB que nos trasladó desde la base de la corporación hasta donde se encontraba el comandante Conde. En una camioneta más modesta, el policía –pidió el anonimato- contó que los rondines en parejas que supuestamente realizan, son un mito, puesto que normalmente van solos "por falta de personal".
 
Se trata de sobre llevar la frustración y cumplir con los turnos salvando el físico como se pueda. Si un policía ve una riña en un callejón, lo más normal es que se de la media vuelta, porque según su experiencia, los rijosos al ver al uniformado, olvidan sus rencillas y se alían contra él con tal de no ir a dar a la cárcel. Peor aún, "¡ya hasta los teporochillos te amenazan con darte levantón y cortarte la cabeza!", dijo el policía antes de parar en un puesto de hot dogs, donde una compañera policía trabaja cuando anda franca (de civil).
 
Sonó la radio y se interrumpió su conversación. "Enterado comandante (...) vamos a donde está el comandante Conde". Sonó de nuevo el aparato, "valen más los golpes que el amor"... -"golpearon a una mujer?"-, "es que a las viejas ya no les cree uno, seguido pasa que va uno a defenderlas y hasta se encabronan, dicen que sus maridos tienen el derecho de golpearlas".
 
"El comandante Marcos Conde es hasta mejor que uno por que a ese sí le gusta andar a pie y meterse en todos lados por él mismo", dijo en días pasados el coordinador de la PIVB, Arturo Paredes Guevara, cuando nos autorizó a realizar el rondín. "Te va a ir bien con él, seguro va a haber acción".
 
Estaba de pie, en una banqueta frente a una casa blanca, flanquado por dos escoltas armados con R-15, igual que él. Portaba gafas de armazón deportivo pero con micas de aumento, prácticas para el ajetreo. "Escogiste un mal día, mira cómo está lloviendo, casi no va a haber nada", nos comentó. Total, uno nunca sabe. Nos subimos a la camioneta.
 
Ahí, atendía al volante, a las personas que pasaban por la calle, a las llamadas de auxilio que sonaban en la radio y a nuestra conversación. A todo lo que se movía alrededor. Sacamos la grabadora y lo advirtió alertado de reojo, no pasa nada. "Le molesta si grabo", se le preguntó, "para nada, adelante".
 
-Después de 16 años de ser policía, ¿usted siente miedo todavía?.
 
"Sí claro, eso del miedo es lo que nos hace sobrevivir, si yo no siento miedo, yo no tomo una precaución, pero como yo no siento miedo, yo tomo mis precauciones, es el instinto de sobrevivencia. Nosotros somos adictos a la adrenalina, es lo que nos tiene en pie, después de un servicio queda un buen saborcito de boca, como si te hubieras tirado de un paracaídas, es lo que buscamos nosotros".
 
En 16 años de trabajo, la zona conurbada, según su percepción, ha crecido "tres o cuatro veces" y hay lugares recónditos donde se esconden los delincuentes, muchos de ellos son migrantes que buscan refugio temporal, son lugares paupérrimos donde no puede entrar una patrulla sola, porque ya ha ocurrido que la reciben con agresiones imposibles de repeler.
 
Entramos la colonia Ana Carreto, también conocida como Lomas del Vergel, un asentamiento irregular que es uno de los lugares con mayor índice de "riñas, lesionados y de vicio". Un lugar dormido, en silencio; de casas de cartón y lámina acanalada y calles de arena, angostas donde apenas y cabían las patrullas. En la entrada había un grupo de jóvenes, pero adentro no se asomaba ni una alma.

Las madejas de cables de luz colgaban a menos de dos metros y rozaban la torreta de la patrulla. Algunos se desparramaban desde los transformadores hasta el suelo, ese es uno de los principales peligros de andar a pie en ese lugar, donde además se asoman cantidad de fierros oxidados. Energía ilegal contenida, latente, a punto de hacer corto circuito; silencio de ojo de huracán.

Como era de esperarse, llegó el primer reporte de "personas que se encuentran agresivas con unas piedras". Acelerador a fondo entre el caserío. "Mira, ahí va uno". Cruzó la calle a 100 metros de la patrulla, un hombre huesudo, flaco y agachado, al llegar a la esquina, se acercó otro a la patrulla. "¡Me, me , me robaron mil doscientos jefe, viven ahí ontá el árbol, como a tres calles!".

El  que había corrido, se arrepintió de escapar, "¡vente hijo!", le dijo el hombre supuestamente agraviado, que tenía un tubo dentro de su pantalón y apenas y se mantenía en pie, su hijo, lo mismo, estaba alcoholizado y con un bat en la mano. Los subieron a los dos -contra su voluntad- a la patrulla para que ayudaran a localizar a la persona que les había robado.

En el punto exacto del llamado de auxilio, había una niña exasperada, le acababan de agredir a su hermano menor y le habían pateado las láminas que sirven de puerta de su casa. En el trayecto, la patrulla de atrás había "agarrado" a otro "que caminaba con actitud sospechosa". 

Uno de los requisitos para ser "malandro", es vivir en la pobreza, pero otro es tener esa habilidad inexplicable para "caminar de manera sospechosa" por las calles y ser detenido por eso, y que además la policía casi siempre encuentre algún delito, para lo cual, llaman a los reporteros de la fuente y exhiben a los trofeos de la caza, con sus miserias robadas junto a ellos.

De la casa de la niña, salió su madre entre penumbras, visiblemente desmejorada de salud, una "anciana" de unos 40 años cargando a su nieto, un niño de un año aproximadamente que parió la brava damita que exigía seguridad a los 8 hombres armados con R-15 congregados frente a su casa. 

Cuando la quejosa miró hacia la patrulla, señaló al padre y al hijo como los que la habían agredido. Lo del robo de los mil 200 pesos era un teatro montado en desesperación. El hombre ebrio, desarmado de su tubo, y su hijo, pasaron la noche en los separos de la PIVB esperando a que la niña no tenga tiempo de ir a denunciarlos formalmente, en un plazo de 36 horas.

Siguiente "auxilio" fue en el Infonavit Buenavista. Ahí corrió la sangre la noche anterior. una persona decidió quitarle la vida a otra a punta de balazos, a quemarropa, a sangre fría, sin explicación alguna. Aldo Aburto Bautista, "El Loco" disparó por la espalda a don Eugenio Larrañaga mientras tomaba el aire en compañía de una vecina y familiares que todavía alcanzaron a ver al cobarde matón con la pistola escuadra, calibre 45 despidiendo humo, antes de salir a salto de mata.

En el andador Cáncer 135 esquina con andador Acuario de la Cuarta Etapa, cayó muerto boca abajo el señor que vendía llaveros en Plaza Acuario y cuidaba el parque de la Buenavista. Al día siguiente, por lo menos tres llamadas de auxilio de personas que escuchaban "pasos en la azotea". se desató el miedo esa noche de lluvia, que con su ruido es capaz de enmudecer los pasos de los malandros sobre los techos.

Allá iba entre los andadores la decena de policías con sus armas listas para activarse en una formación especial para proteger a Conde. Las luces de los departamentos encendidas por la madrugada, cabelleras despeinadas asomándose en las ventanas atraídas por el morbo. Al final, unas señoras asustadas piden  a los policías que atrapen a una sombra que vieron, "un chavito que se brincó el 54" pero ya se escapó. Falsa alarma. Otra llamada más, otra falsa alarma, así son la mayoría.

De cada 10 delitos cometidos a taxistas, por ejemplo, por lo menos tres son falsos, auto robos; a las mujeres golpeadas hay que tratarlas de lejitos porque a ellas les da por defender a sus maridos, hombres muy machos con derecho a dejarles el ojo de cotorra. 

De vuelta a las "fabelas jarochas" un matrimonio engañó a la policía. Alertaron sobre una sombra más que les dio miedo. Pero cuando llegamos, le pidieron por caridad a los patrulleros que les ayudaran a llevarse un burro que se acababa de electrocutar y ya comenzaba a apestar enfrente de su casa. 

!No doñita!, eso le corresponde a Limpia Pública... se fue la patrulla dejando a la simpática pareja gritando improperios agitando las manos hacia el cielo, las mismas manos que habrán de deshacerse del infortunado burro que yacía achicharrado sobre la arena.

Los indigentes, ¿qué hacer con ellos? conseguirles unos cartones. Muchos de ellos se mueren en las puertas de los hospitales tras pasar días tirados en el suelo, según el testimonio del comandante Conde, al tiempo que señalaba un bulto que era una señora hecha bola en la entrada del hospital de Pemex, con sus plantas de los pies completamente negras y sus ojos chorreando de conjuntivitis. "Hay ojos que no ven lo que no quieren ver", dijo el uniformado.

1 comentario:

Lola dijo...

Volví a leer esta crónica ahora ya en la revista y me gustó más. Eres muy bueno, y conste que estoy siendo objetiva.

"las mismas manos que habrán de deshacerse del infortunado burro que yacía achicharrado sobre la arena"

Ni García Márquez...