Rodrigo Soberanes
Un pescador que encontró un tesoro prehispánico con lingotes y 42 piezas
de oro en las costas de Veracruz, al sureste de México, fue encarcelado
por "despojo", absuelto por la Suprema Corte de Justicia de la Nación
(SCJN) y vive ahora con mil 700 pesos al mes.
"Fue un hallazgo dicen que grandísimo, pero francamente para mí no
es nada. Bueno hubiera sido que hubiera salido adelante pero hay
ocasiones en que no tengo para comer y no tengo para vestir", se lamentó
Raúl Hurtado Hernández, el pescador que halló las joyas.
Hombre de 64 años de corta estatura, pelo cano y piel curtida por el
sol, recuerda que cuando estaba pescando una mañana hace 38 años, ya
llevaba consigo una cosecha de 10 kilos de pulpo cuando vio el brillo de
un metal en el agua que resultó ser un lingote de oro.
Al cabo de un año, en 1976, volvió a ese lugar de la zona norte de
la ciudad de Veracruz y encontró las 42 piezas prehispánicas que ahora
conforman el tesoro llamado "Las Joyas del Pescador" que se exhibe en el
Baluarte de Santiago, un sitio turístico de la ciudad de Veracruz.
"Seguí pescando y en un año volví a encontrar otro pedazo igual, la
mitad enterrado y la mitad destapado. Empecé a sacarlo se hizo un hoyo y
empezó a salir todo lo demás", contó
Raúl Hurtado.
El
Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) tiene bajo
resguardo las Joyas del Pescador y las exhibe como un tesoro "decomisado
a un pescador que las encontró en el fondo del mar".
De acuerdo con el INAH, las joyas -encontradas en un lugar conocido
como Coral de Enmedio, en el norte de la ciudad de Veracruz- son el
testimonio de envíos realizados a España en las naves que partían del
Puerto de Veracruz y muestran las técnicas de producción de orfebrería
en el México prehispánico.
El tesoro contiene un escudo de guerra, "chimalli", que es la pieza
más representativa; barras y pendientes de oro, de acuerdo con la
información disponible en torno a la exposición.
Fueron
exhibidas por primera vez en Veracruz durante 1989 "cuando concluyó el
juicio", según los folletos del INAH, cuyo departamento de comunicación
social no tiene más información disponible
sobre el proceso legal de
Raúl Hurtado.
Miguel Campoamor, otro pescador de la región y conocido de
Raúl Hurtado vivió de cerca la experiencia del hallazgo y los hechos que desencadenó. Recuerda una escena de los hijos de
Raúl Hurtado jugando con los lingotes de oro en la arena como si estos fueron coches.
"Los niños jugaban con ellos, los amarraban y los arrastraban ahí en
el patio pensando que era cobre, porque el oro cuando está en el mar
queda rojizo", dijo Campoamor.
Cuando el autor del hallazgo se
dio cuenta que tenía oro en sus manos, comenzó a vender los lingotes y
las piezas a una joyería de la ciudad de Veracruz y con sus ganancias
comenzó a construir una casa.
"Todas las joyas iban en un calcetín", contó
Raúl Hurtado, recordando los mejores tiempos de su vida.
El
pescador fue detenido en una fecha que ya no recuerda, el tesoro
prehispánico fue decomisado y a él se le acusó por "despojo a la
nación", purgando una pena de un año con dos meses de cárcel antes de
que lo liberaran las autoridades, según cuenta a 37 años de su
descubrimiento.
"Llevé a trabajar a una de mis amistades de la colonia y ese canijo
me echó a la justicia. Fueron a media noche por mí para llevarme a la
fuerza.
Entrando a la cárcel, me dieron golpizas y golpizas. El
delito para ellos era un robo. Decían que cómo iba a ser que yo
estuviera gastando dinero siendo un simple pulpero", dijo
Hurtado.
Un habitante de Veracruz durante esa época, Enoch Rodríguez, contó que las golpizas al pescador eran sabidas "en todo
el pueblo", donde cada día se hablaba con fervor sobre el hallazgo de
las joyas y el desenlace trágico para
Raúl Hurtado.
"Fue el impacto de los días y de los meses, y a la vez triste" por
ese caso que llegó a manos del abogado Luis Emilio Fuster, un litigante
de renombre entre la sociedad veracruzana, recuerda Enoch Rodríguez
El caso del pescador preso por encontrar unas joyas pasó de un
juzgado de distrito en Veracruz (causa penal 318/1976) a un tribunal
unitario en Puebla, donde fue recibido un amparo directo interpuesto por
Emilio Fuster, según contó el abogado.
Así,
Hurtado quedó libre bajo caución y
enfrentó el proceso en libertad. Recibió sentencia y ésta fue apelada
por su defensa. La SCJN lo declaró inocente en 1979, recordó el
litigante.
Poco tiempo después de salir de cárcel,
Raúl Hurtado
se casó por la iglesia con la mamá de sus hijos, Magdalena Aguilar. La
ceremonia se realizó en la catedral de Veracruz y la misa fue oficiada
por el Obispo José Guadalupe Padilla y Lozano, según las crónicas de la
época recogidas en el libro El Tesoro de Moctezuma se Asoma, del
cronista Vicente Contreras.
"Jamás se había realizado en Veracruz una boda de mayor concurrencia
y de tanta emotividad de quienes asistieron, ni se había expresado
mayor simpatía espontánea hacia una pareja", cuenta una nota del
periódico El Dictamen, titulada: "Concurrida boda del Pulpero".
Desde 1976
Raúl Hurtado
no ha vuelto a la zona donde encontró el tesoro. Ni en busca de
fortuna, ni de pulpos. "Yo no me acerco para nada, no quiero problemas.
Puede haber algo, pero siempre me van a estar vigilando (…) Estoy libre y
estoy vivo, que es lo principal".
Como pescador de pulpos y dueño de un expendio de bebidas y comida en la playa (una "palapa") llamado Las Joyas del Pescador,
Raúl Hurtado consigue menos de dos mil pesos mensuales de ingreso neto, y él y sus esposa consumen la mitad de su pesca.
Raúl Hurtado y su
familia (tiene siete hijos adultos) podrían verse obligados a abandonar
su negocio y la pesca en las playas del norte de la ciudad de Veracruz
por la posible ampliación de la zona portuaria.
Su futuro depende
del fallo de una juez sobre un amparo que pretende frenar la ampliación
del Puerto de Veracruz, un proyecto que se construiría sobre las playas
donde se desarrolló la historia de Las Joyas del Pescador.
Durante los más de 30 años que llevan las joyas en exhibición,
Raúl Hurtado
ha contado su historia a generaciones de periodistas y a grupos de
escuelas que lo visitan para conocer al pescador de las joyas,
Salvo
algún apoyo informal de parte de las autoridades, asegura que su
hallazgo no le trajo ningún beneficio y también que ya no quiere hablar
de las joyas.
"Francamente no me gusta contar la historia, yo quisiera olvidarla ya", dijo
Raúl Hurtado Hernández.