miércoles, 11 de diciembre de 2013

Migración forzada y drogadicción "desconectan" a jóvenes indígenas

 Foto: Félix Márquez

Rodrigo Soberanes /@rodsantin

Unos jóvenes indígenas veracruzanos viven en barrios bravos de la capital del país y trabajan como albañiles. Otros -de su misma región- viven encerrados y desnudos en su comunidad de la sierra desde hace años. Unos consumen inhalantes y otros ya lo hicieron y lo pagaron con su salud mental.

En Xocotla, municipio de Coscomatepec, los niños no se esconden para drogarse porque es una práctica común que se hace a la luz del día. Algunos prefieren inhalar pinturas para uñas y otros, los pegamentos que traen los que vuelven de la ciudad de México a donde fueron a trabajar en construcciones.

Esa comunidad, con más de 10 mil habitantes, es la más poblada de su municipio, y sus autoridades calculan que al menos el 30 por ciento de los menores de edad, son adictos a los inhalantes y no tienen ninguna atención médica de las autoridades.

"Aquí la drogadicción ha aumentado. Los jóvenes de 10 a 15 años se drogan en cualquier punto del pueblo. Los inhalantes que más consumen son thinner, latas de pegamento de tubos PVC que traen los jóvenes mayores y les venden a los pequeños", dijo Teodomiro Cruz Ojeda, agente municipal de Xocotla.

Constructoras de la ciudad de México encuentran mano de obra barata en las regiones indígenas centrales de Veracruz llevándose a menores de edad a trabajar en sus obras.

Son trasladados a zonas marginales a vivir en departamentos de bajo costo en grupos de cuatro o cinco jóvenes. Allá ganan entre 1,000 y 1,200 pesos a la semana, mientras que en su comunidad no percibirían más de 500 pesos.

"Viven a tres horas del lugar de trabajo casi siempre o si no, en `campamentos´ o casas rentadas, pero nunca por la constructoras sino por el contratista y él los explota", dijo el activista Arael Morales a Jornada Veracruz.

En esos barrios, y con esas condiciones, ellos laboran, crecen, se divierten y se drogan.

Dos jóvenes de Coscomatepec que emigraron a la ciudad de México para trabajar en la construcción, contaron que saben de las consecuencias de consumir inhalantes, pero que sus razones para hacerlo son más fuertes.

"Es para darse valor y pasar el rato. Sabemos que podemos quedar locos", dijeron los jóvenes veracruzanos.

"Los barrios donde rentan están pesados y ellos pues le tienen que entrar al desmadre para ser aceptados", dice Arael Morales, también allegado al sector de la construcción en la ciudad de México.

                                                     Foto:Félix Márquez

El regreso

Los botes de inhalantes son llevados a Xocotla y vendidos entre los niños y jóvenes, dando como resultado -por ejemplo- peleas campales entre jóvenes armados con piedras y otras armas improvisadas, e incluso un incendio causado por un joven bajo los influjos de los inhalantes.

"La semana pasada un joven le prendió fuego a una vivienda y la verdad fue pérdida total. Nada más por un problemita que tuvo con su tío. No pudo desquitarse con él a pegarle, lo espió a que él no estuviera y le prendió fuego a su vivienda", contó el agente municipal a este diario.

Leonardo Tiburcio Amaro, habitante de Xocotla, es padre de un adolescente que cayó en los inhalantes en la ciudad de México y pasó cinco meses preso. Él contó su experiencia y cómo las adicciones han confinado a los jóvenes a vivir en condiciones inhumanas.

"Es triste cuando nosotros como padres de familia vivimos esa experiencia. Aquí en la comunidad muchos ya están desconectados, ya tienen que llevar un tratamiento especial. Es un tratamiento muy caro y aquí se vive al día", lamentó Tiburcio.

Modesta Chávez Rosas tiene un hijo de 19 años que vive encerrado en un cuarto de madera y hasta hace meses permanecía encadenado para evitar que saliera a la calle y agrediera a las personas.

Ella permitió ver a su hijo y pidió públicamente ayuda a las autoridades para pagar sus tratamiento.

El joven, en efecto, parece estar "desconectado" y lucha para hilar sus ideas y pedir que alguien lo ayude para "curarse" y poder salir de su cuarto, ponerse ropa, tolerar dormir en una cama e interactuar con las demás personas.  

Vive en la penumbra, en un cuarto sin ventanas, sin muebles, sin nada. La luz de las rendijas develan su cabello desaliñado, sus rasgos indígenas, su pecho lampiño y la cobija que aceptó a causa del intenso frío que azota la sierra en el invierno.

"Me siento como hormigado. Luego llegan otras personas y me preguntan y yo les digo que no sé lo que tengo", se escuchó desde su rincón. Y siguió, en voz baja:

"Luego me dicen que haga cosas pero no les hago caso. Me tengo que curar porque tengo que salir. Tengo que buscar la forma de cómo curarme… cómo curarme. El pecho es lo que me duele, aquí" (y se talla el pecho).

"¿Te drogabas?", le preguntó un conocido suyo.

"No… no, nunca me drogué. Sí me drogaba pero era con las pinturas. El activo sí y las pinturas, pero más el activo (…) Cuando ya estaba yo… ¿cómo se dice? bien feo, bien feo, ya no podía con la loquera.

Nomás veía pura gente, estaba yo bien, nomás cuando me empezaron a dar así cosas como de alocarme, ya no sabía más qué hacer, nomás daba vueltas de acá para allá, como rodando, así, abajo, en el piso".

"Quiero decirles que me ayuden, que ya estaría curado y ya no necesitaría yo más", pidió el adolescente, que pese a no recibir medicamentos, su comportamiento le ha valido que le retiren las cadenas que lo ataban a la pared.

Doña Modesta perdió a su esposo el 5 de julio pasado. Está sumida en el dolor y el desamparo. Ella y su hijo son uno de los rostros de la pobreza de Veracruz.

"Quisiéramos que alguien nos ayudara para el enfermo que ya tardó amarrado ahí, que lo llevaran a una rehabilitación porque yo ya sola qué cosa voy a poder hacer", pidió la mujer, con el cuarto de su hijo a sus espaldas.

Foto: Félix Márquez

lunes, 2 de diciembre de 2013

"¿Se pueden retirar? voy a dar a luz"



Rodrigo Soberanes

Maricruz Juárez Parra nació sin atención médica, en El Olvido. Una noche de mayo de hace 15 años, su madre le pidió a las visitas que se fueran y enseguida dio a luz en un cuarto con piso de tierra, paredes de madera y techo de lámina.

"Le pedí a mi marido que le diga a los señores que se vayan y que me oye uno de ellos y me dice: '¿por qué quiere usted que me vaya?', y le dije: no, no los estoy corriendo, ¡es que parece que voy a dar a luz!", contó la señora Trinidad Parra.

Maricruz, integrante de una familia indígena, contó su historia desde ese mismo cuarto donde nació, en la comunidad de El Olvido, en Coscomatepec, uno de los municipios con mayor rezago social de Veracruz, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), y con más adversidades para las mujeres de su edad.

Las visitas de la noche de su nacimiento eran unos albañiles que construían la escuela secundaria de esa comunidad serrana. Minutos después de que salieron del cuarto, una bebé recién nacida era arropada por su madre, quien yacía sobre una "sábana de costales".

Los embarazos tempranos, no deseados y no planeados, y el incremento en riesgo de contagio de enfermedades venéreas, abortos inseguros, violencia de género y defunciones maternas son parte de la vida en El Olvido por encima de la media estatal, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi 2010).

Maricruz, su hermana Julisa, de 16 años, y su amiga Miguelina Espinoza Torres, también de 16 años, estudian en el telebachillerato (Teba) de Huilotla, comunidad aledaña a El Olvido. Si se gradúan, serán unos casos aislados dentro de una comunidad indígena que, según sus testimonios, no quiere mujeres educadas.

Las tres están decididas en estudiar la universidad. Para ello caminan unos seis kilómetros cada día, soportan calificativos despectivos y se acuestan a altas horas de la noche. Nunca han incumplido con una tarea, según dicen, muy seguras durante la entrevista con Jornada Veracruz.

"No te puedes salir a trabajar a otro lado porque enseguida te inventan algo, incluso, a todas las que van al Teba les hacen chismes. Que las trae el novio, que hacen no se qué en el camino (…) con esa mentalidad, muchas prefieren no entrar para que no les hagan chismes", contó Maricruz.

"Pero nosotras vamos aunque nos inventen chismes", interrumpió Miguelina, apoyada por Julisa.
"Que digan misa, ellos se cansan más hablando de mí que lo que les hago caso. ¿Para qué voy a preocuparme? si estuviera preocupada por eso, nunca dejarían que fuese yo a la escuela", reiteró Julisa.

En Coscomatepec, 33 por ciento de la población de 15 años o más está clasificada como "analfabeta" y 82 por ciento del mismo rango de edad no ha completado la educación básica.

Según el Consejo Nacional de Población (Conapo), la mitad de los adolescentes de ese municipio serrano y con población predominantemente indígena, abandona los estudios a los 17.3 años de edad, con frecuencia, a causa de que inician una vida en pareja y la formación de una familia.

"Aquí las mujeres sirven para tener hijos y hacer tortillas", dijo Miguelina, y las tres adolescentes rieron, mientras doña Trinidad –mamá de siete mujeres– sonreía discretamente y preparaba café para todos.

El Consejo Nacional de Población (Conapo) señala que 98 por ciento de las mujeres de Coscomatepec de entre 15 y 19 años con vida sexual activa, conoce el uso de métodos anticonceptivos pero sólo el 45 por ciento los usa.

El Conapo sostiene que la reproducción en la adolescencia presenta un carácter de "involuntario", y uno de cada cuatro embarazos entre adolescentes, no fue planeado.

Maricruz, Julisa y Miguelina son tres jóvenes indígenas en la entrada de su edad reproductiva que quieren transgredir las costumbres de su pequeña comunidad de al rededor de 600 personas.

Asisten además a las sesiones del Proyecto Redes Comunitarias por la Salud, donde les hacen énfasis en el respeto y la protección de sus derechos sexuales y reproductivos.

Las tres coinciden en que, cuando logren cursar la universidad (es decir, si se salen de todas las tendencias que las rodean), regresarán a su comunidad a ayudar con sus conocimientos.
Maricruz quiere ser maestra, Julisa, doctora y Miguelina, también doctora.

"Quiero ser maestra, me gusta mucho bailar, me llaman la atención los viejitos, las personas que son pobres y de a tiro no tienen ni qué comer. O a las personas que tienen alguna enfermedad me dan mucha tristeza verlas", dijo la adolescente que nació minutos después de que su madre le diera de comer a un grupo de hombres en su modesta cocina.

martes, 19 de noviembre de 2013

La muerte de un joven a manos de policías causó la ira de un pueblo


Rodrigo Soberanes
A Guadalupe Vergara Laurianis le avisaron que su hijo estaba detenido y en la comandancia le dijeron que lo habían tenido que llevar al hospital. Cuando llegó ahí, una turba rompía los vidrios del centro de salud, la sangre manchaba las banquetas y su hijo estaba muerto en la batea de la patrulla.

"Llegamos al hospital y había mucha gente rompiendo los cristales del hospital y a mi hijo lo tenían tirado en la camioneta. La gente le hablaba pero los del hospital dicen que cuando lo llevaron, ya iba muerto", contó la madre con una mano puesta en el ataúd de su hijo de 21 años.

La víctima es Alexander Santos Vergara, casado, padre de un niño de un año y cinco meses y con oficio de albañil. Fue detenido por tres policías municipales durante la "fidelada" -suelta de vaquillas que instituyó el ex gobernador Fidel Herrera- y muerto a golpes por los "guardianes del orden".

"Me dijeron que lo metieron a la camioneta y que lo iban pateando. Fui a la comandancia a preguntar: `¿no me trajeron a un muchacho de una playera blanca?´", contó la mamá de Alexander.

"Me dijeron que sí pero lo acaban de llevar al hospital, les pregunté `por qué´? y ya no me quisieron decir", siguió con su relato.


La patrulla donde lo transportaron, primero vivo, después herido grave y al final muerto, fue incendiada por la turba enardecida que exigía la detención de los tres policías responsables del asesinato en medio de disparos y lanzamiento de gas lacrimógeno por parte de policías estatales.

Los fierros calcinados del vehículo seguían en la calle durante el medio día de este lunes feriado y a la vista de los transeúntes que se detenían unos minutos a observar la resaca de la noche triste del domingo 17 en Tlacotalpan, donde la fiesta se había instalado en las calles y en las casas hasta que llegó la barbarie.

"Cuando se corrió la voz, todos nos fuimos a nuestras casas", contó una lugareña a este diario.

El gobierno del estado informó en un comunicado que detuvo a los tres policías, que fueron señalados por testigos de los hechos y que la Procuraduría General de Justicia los investiga bajo la causa COSVER/995/2013 por el homicidio de Alexander Santos.

"Los elementos municipales fueron puestos a disposición del Ministerio Público, quienes fueron identificados por testigos como los agresores del joven. Los hechos ocurrieron este domingo por la noche en la cabecera municipal", dice el parte oficial.

A unas 10 cuadras de los vidrios, la sangre regada y la patrulla calcinada, sobre la calle Bernardino Aguirre, decenas de personas estaban estaban sentadas en la calle tomando café frente a la fachada de una pequeña casa con una tiendita de abarrotes.

Tres mujeres flanqueaban el ataúd de Alexander cuya compuerta dejaba asomar un rostro joven y amoratado. Guadalupe Vergara Laurianis (mamá), Elba Laurianis García (abuela) y Guadalupe Melisa Fuentes Guillén (esposa) recibían las condolencias de los vecinos.

Alexander Santos Fuentes, "el bebecito", pedía con insistencia los brazos de su madre, quien contó parte de lo que vio la noche anterior:

"Hubo disparos. La gente que estaba ahí decía que detuvieran a los policías que había hecho eso y como ellos no quisieron, la gente se empezó a ir sobre los policías y ya los del estado empezaron a disparar.

La patrulla la iban a voltear con él adentro todavía y lo tuvimos que quitar. El hospital estaba cerrado, no querían abrir. Dicen que sí salió un doctor pero dijo que ya estaba muerto".

Los mismos vecinos que incendiaron la camioneta, que rompieron las puertas del hospital en busca de atención médica y trataron de retener a los policías implicados, cooperaron para los gastos funerarios y este martes acompañarán a la familia a sepultar a Alexander Santos Vergara al Panteón Municipal de Tlacotalpan.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Ciudadanos se defienden solos; “en mi casa no te metes, ya estamos hasta la madre"



 Foto de Félix Márquez
(Texto de marzo de 2013)
Rodrigo Soberanes /@rodsantin

Los vigilantes de colonia caminaban por la noche con sus rifles y sus rostros cubiertos.  Una patrulla municipal que circulaba por el lugar se detuvo y un mando preguntó: “¿todo tranquilo?”. Después de minutos de plática bajo un poste de luz, cada quien siguió su camino.

El “Ciudadano Vigilante” es un “proyecto” que comenzó en el predio El Inglés, en Tlalixcoyan, un municipio donde “terminaron los días de dormir con las puertas abiertas y de esperar a que tu vecino te cuide,” como era antes, según Luis Alvarado, el presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad.

A siete meses de asumir la vigilancia por ellos mismos, los hombres con rostros tapados con paliacates afirman que sus rondines nocturnos ya dieron resultados contra la delincuencia común que azotaba a su colonia con cortes de luz, robos y asaltos.

Llevan rifles de casa y cualquier objeto que les sirva para defenderse y en caso de ver a algún sospechoso en la colonia y presenciar algún ilícito, llaman a las autoridades. Ahí –dice- termina su función. “Somos vigilantes de colonia, no policía comunitaria”, aclaran.

El mensaje de los cinco hombres perdiendo horas de sueño para recorrer las calles de sus comunidad (duermen tres horas diarias, pues todos trabajan en el día) es: “en mi casa no te metes, ya estamos hasta la madre (…) es una reacción voluntaria porque ya no se puede”.

Antes del recorrido, venían de explicarle su experiencia a cientos de personas reunidas en la congregación de Piedras Negras, donde el Consejo Ciudadano de Seguridad citó al alcalde José Muñiz y a sus colaboradores en la materia, además del agente ministerial.

Rafael Peña, uno del grupo de vigilancia de El Inglés pasó al frente y los demás se quedaron sentados confundidos entre los participantes de la reunión para evitar  ser reconocidos por posibles delincuentes infiltrados.

Ahí, el alcalde dejó claro que apoya la iniciativa de formar un Consejo Ciudadano y el presidente de esa organización, Luis Alvarado, afirmó frente a la concurrencia que esa estructura organizativa será el vínculo entre las autoridades a la ciudadanía, que desbordaba quejas de inseguridad y corrupción cuando hacían uso de la voz durante la reunión.

Rafael Peña dijo que la base de la seguridad de su colonia es la “organización” entre las familias para estar en comunicación permanente y “echarle el ojo” a personas extrañas. “No tengan miedo, nuestro peor enemigo está en nosotros y es el miedo”, dijo Peña recibiendo aprobación con aplausos.

Fue una sesión con programa específico para el uso de la palabra que terminó con un micrófono abierto para la ciudadanía. Un secretario levantó un acta y se acordó –a petición del alcalde- repetir esa reunión dentro de un mes y revisar si lo acuerdos se cumplieron.

Este miércoles por la madrugada, la colonia El Inglés estaba vacía. En cada cuadra, los vigilantes señalaban puntos donde solían reunirse jóvenes a tomar alcohol y a delinquir, dijeron los hombres con rostro cubierto.

Uno de los acuerdos de octubre pasado en El Inglés fue prohibir a los menores de edad permanecer en la calle después de las 10 de la noche.  Un toque de queda que los cuidadores hacen cumplir con rigor cuando ven a alguien en la vía pública, le piden su identificación y lo hacen volver a casa si es lo que procede.

Durante el recorrido, el grupo de vigilancia informó que, pese a haber ahuyentado los delitos comunes y de dormir unas tres horas diarias, sus rondines seguirán y buscarán “que las otras colonias hagan lo mismo.”

viernes, 8 de noviembre de 2013

Trabajo al albur en el recinto portuario de Veracruz

Rodrigo Soberanes /@rodsantin

Enfrente del Mamis Bar, en la avenida Montesinos, paran los autobuses del "pulpo". Frenéticos se estacionan como pueden y tratan de ganarse el pasaje. De esas cajas de hierro descienden hombres de todas edades, complexiones y pesos; todos están quemados por el sol, algunos llevan una mochila y visten pantalón café y botas de trabajo. Otros, como los niños a los que sus papás no les han comprado el uniforme, van como pueden.

Cruzan la avenida, suben al Puente Morelos en ruinas (en construcción), cruzan por arriba la estación de ferrocarril y vuelven a bajar en la última escalera del lado izquierdo. Los escalones están llenos de envolturas de comida chatarra, igual que la calle Morelos, donde se reúnen tres veces al día, los cientos de trabajadores que acuden a la subasta de empleo, a las siete de la mañana, a las dos de la tarde y a las nueve de la noche.

Entre las calles de la Colonia Manuel Contreras, un suburbio del Puerto de Veracruz, llegan los obreros zigzagueando para evitar el sol en su recorrido. Enfrente de la derruida discoteca G, se paran los microbuses y se vacían dejando sobre la calle unos 20 trabajadores, algunos vigorosos y otros apenas pueden caminar por su edad. algunos con sus pelos húmedos y sus gorras en la mano para no estropear el peinado, otros, los viejos, llevan sus cachuchas en la cabeza. Dos de ellos estaban cojos y necesitaban ayuda para andar, no obstante, su condición no les impide portar su uniforme de obrero limpio y sus botas mineras impecables.

Desapareció el microbús y y el simpático barullo se desplazó, lento, hacia el embudo dispuesto bajo el puente. Caminan por Cervantes y Padilla y llegan justo a las grandes entradas en forma de media luna que conducen a la zona portuaria. En la polvosa calle Morelos hay mesas fabricadas en un momento de tablas y clavos oxidados, tienes sus sillas amarradas con cadenas. En las paredes hay ofertas de préstamos de dinero en efectivo, hay un puesto de sombreros de tela teñidos de camuflaje y gafas para el sol.

Los uniformados son los sindicalizados, los que llegan a trabajar con la certeza de que les van a dejar entrar a la zona portuaria a ganarse 500 pesos o más, depende; los que llegan en shorts, o pantalón de mezclilla y haciendo más preguntas que los otros, son "personal de apoyo", los que reciben los puestos que los sindicatos no requieren y se juntan en grupitos e intercambian información. Nos acercamos a platicar con uno de ellos, pero se nos adelantó con su pregunta:

-"¿Quieres piedra o polvo?"
-No, gracias, quiero que me platiques cómo es la movida de los nombramientos, ¿eres trabajador de lista?
-¡No!, soy de los burros, de los que andan metidos en el carbón, a los del sindicato les toca la papita, trabajan de a jefes, se paran en la sombrita y `haz esto, haz el otro´".
-¿Cuánto ganan los de lista y cuánto ganan ustedes?
-Ellos de 500 para arriba, nosotros ganamos 300 por turno (...) Mejor no hay que hacer iris, guarda tu libreta, dame tu teléfono y yo te hablo, te platico todo lo que quieras". Se esfumó el personaje después de dar su nombre, seguramente falso, y de negarse a dar su teléfono.

Impensable un lugar concurrido como éste sin un volovanero. Lo tratan con una familiaridad que explica por qué sólo es él y no varios volovaneros. A la hora precisa se instala otro comerciante, el taquero. Su puesto se llena en cinco minutos. Hay obreros que van de salida y otros que apenas llegan y no alcanzaron a comer en casa. Aumenta el ajetreo de bicicletas que llegan como ráfagas y se meten directo al gran almacén que es la antesala de la zona portuaria. Otros las dejan afuera amarradas con candado.

Siguen llegando, a la mayoría le entusiasma la idea de dar su parecer en una entrevista, pero no quieren que se conozca su identidad. Uno de ellos aguarda en la esquina, está haciendo tiempo para que den las 2:30 pm. bajo la sobra de un árbol y en compañía de dos jovencitas. Está adormilado, se espanta las moscas de los hombros descubiertos como un tic nervioso, pero lo hace lento.

José González dio por nombre. Según él, el trabajo es tan variable que entre las cuatro empresas que contratan abajo de puente Morelos, llegan a requerir entre 70 y 80 maniobristas en un día "bueno", sin embargo hay otros en que sólo le dan trabajo a unos cuatro. De hecho, aún siendo trabajadores sindicalizados, llegan a pasar rachas malas en que no hay trabajo por varios días,"tres o cuatro días sin chamba".

A decir del señor González, la base trabajadora, -"el músculo de las empresas", como se llaman ellos mismos-, sí preferiría tener un trabajo fijo. "eso te lo dejo de tarea para que lo informes, se tiene que quejar el líder (del sindicato), él es el que tiene que hacer esa onda -¿Lo ha hecho?-, me imagino que no"

Aún así, aseguró que es mejor trabajar en el puerto dos o tres días a la semana que "estar allá", es decir, en cualquier otro lugar que no sea el puerto en donde un obrero pueda encontrar un lugar.  Contrario a lo que dijo el comerciante, José González afirmó que los trabajadores de lista ganan 300 pesos por turno de ocho horas.

En la angosta calle Morelos o "Avenida Morelos", como dice el letrero de la esquina, apenas hay espacios para que se estacionen algunos vochos, sin embargo, hay un lugar bastante grande que nadie a ocupado. Ahí se estacionó un Cougar gris. Del gran lanchón bajó un hombre de unos 130 kilos que medía como 1.90m. con sus botas y pantalon de obrero. Amable, nos dio señas de cómo poder entrar a trabajar de obrero.

"Ahorita en la maniobra de coches nuevos hay bastante chamba, ve y pregunta por allá".

"¡Hoy no va a haber nada loco!", gritó uno de los que ya salían de trabajar. No causó gracia. El señor de gran tamaño continuó: "Aquí el que quiere chamba la encuentra, pero hay que venir todos los días, imagínate nomás, hay tres turnos", sin embargo, reconoció que no es tan sencillo, puesto que los puestos de trabajo dependen de una circunstancia que escapa de las manos de los obreros, puesto que "cuando los sindicatos y las empresas se ponen de acuerdo se abren las plazas, cuando no, no".

-Bueno, ¿qué hay que hacer para entrar?

-"Algunos del sindicato venden su lista, si se portan chidos, hasta en 10 mil o 15 mil pesos", dijo Miguel, pesado y sudoroso. Arreciaba el calor del medio día, el señor tenía que irse, cada pregunta lo retrasaba.

-¿Y para entrar como trabajador de apoyo?

-"Necesitas a alguien que te conozca para que te den un número de apoyo

Hay cargos que van desde el nivel uno, "esos no se abren nunca" hasta el cinco, en este nivel, los operadores "ganan hasta 500 varos por turno". .Seguían llegando, paraban a orinar en un terreno baldío que antes fue el patio común de una vecindario. Paulatinamente, el barullo de mercado se trasladó al interior, a la gran bodega donde se deciden las contrataciones.

De frente, hay una ventanilla donde se dan los "Nombramientos tierra/a bordo". La tabla de la esperanza advierte: "Probable personal a requerir durante el día". Loneros, trascabos, planas, cargador, wincheros, operador de container, retroexcavadora, grúa pato, etc. Junto está la oficina del oficial de nombramientos enmarcada por un reloj digital que cuenta la marcha atrás para que llegue la hora de la expectación.

Miguel, el hombre grande está sentado junto a una columna y no para de hablar para las ocho personas que lo rodean, en la otra columna cuatro obreros le pegan en la cabeza a uno que no es enano, pero casi.

Dos pequeñas torres están dispuestas en el lado derecho de la bodega para la repartición de las labores de los operadores.  A las 2:28 salieron dos oficiales uniformados con camisas azules de manga larga y con radios que utilizaban para comunicarse estando cada quien en su torre correspondiente y con las listas de los afortunados en la mano. Abajo acechaban los trabajadores con la mirada hacia arriba, expectante.

Al otro extremo comenzaron a requerir a los obreros, ahí van los de apoyo, pero se quedan en tras un varandal que los separa de la ventanilla donde un oficial le reparte los puestos de trabajo a los de pantalón kaki que llevan una ficha en la mano junto con su credencial de electol. En un proceso lento y constante, el filtro retiene a los de apoyo mientras que los demás entran a la zona portuaria. El ruido disminuye paulatinamente hasta que la calma regresa. Las conversaciones de los que se quedaron sin trabajo resaltan más gracias al eco de la bodega. A las nueve de la noche se abre una nueva oportunidad.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Pescadores se lanzan tras barco de Pemex y hacen manifestación en altamar

 Texto publicado el 7 de agosto en Jornada Veracruz

Rodrigo Soberanes

Pescadores de la comunidad de Antón Lizardo, Alvarado, se lanzaron a la búsqueda del barco explorador de Pétróleos Mexicanos, al que culpan de la pérdida total de sus ganancias desde hace 45 días, para intentar "desviarlo".

La embarcación que realiza estudios sismológicos en la costa central de Veracruz fue vista a pocos kilómetros de Antón Lizardo y dos lanchas intentaron salir a su paso en cuando amainó la lluvia, poco antes del amanecer.

Los pescadores recorrieron 70 kilómetros en línea recta hacia el sur tras el barco, y cuando se encontraban cerca del municipio de Lerdo de Tejada, emprendieron el retorno hacia su punto de partida.

"Venimos para ver si lo podíamos encontrar, inconformarnos y de alguna manera desviarlo y que no siga afectando nuestra área de pesca", dijo Bernardo Hernández, presidente de la Federación de Cooperativas Pesqueras del Puerto de Veracruz.

El trayecto estaba vacío, sin lanchas. Bernardo Hernández dijo durante el viaje que ese tramo es una de las zonas más ricas en producción pesquera en el estado y que las detonaciones del barco han matado o ahuyentado a la fauna marina.

"Como pudieron observar, no encontramos ni una lancha en ese trayecto. No han dejado ni un tipo de especie que podamos capturar. Esa es la zona más rica en producción de la mitad del sur de Veracruz", aseguró.

Hace 10 días comenzaron a aparecer peces Jurel Amarillo muertos acumulados en las zonas de playa en Antón Lizardo y en las isletas cercanas, y flotando dispersos en altamar.

Los pescadores aseguran que la causa de la mortandad de la fauna marina , en ése y otros puntos de la costa central, son las detonaciones que realiza el barco como parte de sus trabajos de exploración.

"Los buzos que andan en esta zona nos comentan que aveces el barco está a 15 o 20 kilómetros y ellos oyen perfectamente la explosión e incluso sienten una sensación en el organismo como de un pequeño golpeteo", dijo Hernández.

En su camino de vuelta, la comitiva de pescadores paró en el arrecife Cabezos, que es el último de la parte sur del Sistema Arrecifal Veracruzano, una zona donde ronda el barco investigador.

Ahí, a unos 15 kilómentros de la playa, realizaron una pequeña manifestación mostrando las pancartas que tenían preparadas para mostrarlas ante la embarcación. "Pemex, deja de matar nuestros litorales", "Pemex, queremos comer" y "Pemex compra a funcionarios", eran algunas de sus consignas.

Este miércoles, los pescadores tendrán una reunión con el secretario de gobierno, Gerardo Buganza Salmerón para intentar conseguir su mediación en el conflicto, que inició desde el 9 junio con una manifestación masiva frente a las oficinas centrales de Pemex en la ciudad de Veracruz.

Bernardo Hernández aseguró que, de no atender sus peticiones de indeminización y pagos de jornales (entre otras), los más de 15 mil afectados radicalizarán sus protestas contra la empresa paraestatal.

martes, 29 de octubre de 2013

El sueño mexicano

Publicación de 2004, Periódico Política, Veracruz


Jaime Rodríguez/ Rodrigo Soberanes

Para miles de veracruzanos y mexicanos, el sueño americano resultó ser un mito ya que al dejar el país incluso arriesgando la vida, cuando llegan a los Estados Unidos no solo se enfrentan a la discriminación, racismo y vejación, sino que el trabajo que buscaban al otro lado del río no existe.

De hecho, la nación más poderosa del mundo económicamente hablando, para el año 2050 se convertirá en expulsor de la mano de obra que explotó con la contratación de millones de migrantes hispanos, en su mayoría mexicanos.

De acuerdo a datos oficiales, en la última década han emigrado casi un millón de veracruzanos, y el estado de Veracruz se ha convertido en el segundo estado del país que mayor número de remesas recibe de los estados Unidos después de Zacatecas, y se calcula que en el 2006 ocupe el primer lugar en envío de dólares.

Se calcula que Veracruz estado recibe al rededor de 30 millones de dólares anuales en remesas.

 

La causa primera de los que se van

La falta de empleo que prevalece en Veracruz se observa en el testimonio del agente municipal de El Coyolillo, comunidad del municipio de Actopan. Simón López Zaragoza evidenció que en el caso de su comunidad, los programas oficiales se quedan en la cabecera municipal, pues el alcalde Eduardo Carranza incurre en lo que no es nuevo: beneficia a un número reducido de personas que están allegadas a él:

¨En verdad para trabajo, no hay nada. Aquí solo los que trabajan son del municipio, por que pa´los campesinos no, nunca te llega digamos: te vamos a ofrecer un trabajo, no nada aquí se las pela uno como puede, los van acomodando a su gente que ellos quieren y es muy difícil que lleguen proyectos, se van conociendo y se los van pasando¨.

Coyolillo es una comunidad afro-mestiza, que históricamente ha basado su actividad económica en dos ingenios azucareros, el de Nuestra Señora de la Concepción (La Concha) y del de la ex hacienda e ingenio de San Miguel Almolonga Sin embargo, un ingenio más cercano a San Miguel Almolonga, fue el de San Sebastián Maxtlatlán, que se inició a fines del siglo XVI y desde entonces en él fue ocupada mano de obra esclava procedente de África.

Aquí podría tener su origen el establecimiento de esta comunidad afro-mestiza que en la actualidad es conocida por la recurrente migración hacia Estados unidos, al grado, que el agente municipal de Coyolillo calcula que ¨hay una 800 mujeres solas con sus niños¨, mismas que reciben visitas esporádicas de sus maridos que ¨regresan dos, tres meses y al ver que aquí no hay nada mejor se van¨.

Francisco Jiménez es originario de Landero y Coss, él es carnicero de oficio, sin embargo, la imposibilidad de dar sustento a su familia lo orilló a irse ya un par de ocasiones a los Estados Unidos, su situación es otro ejemplo que ilustra la causa del destierro de miles de Veracruzanos:

¨El gobierno de México, no sé si no puede o si no le alcanza el dinero, aquí, te digo que no hay nada, ¿qué puedes ganar tu?, ahora, ¡si en los municipios tan siquiera hubiera una fábrica! Quién sabe a dónde llevan el dinero¨.

Según reconoce el delegado de la secretaría de Relaciones exteriores en Veracruz, Enrique Buj Flores, el gobierno mexicano no ha podido generar empleos "lo suficientemente remunerados para que nuestra población se sienta satisfecha con su condición económica y social dentro del país¨. No es que encontrar un trabajo sea imposible en nuestro estado, lo que sí lo es aparentemente para la mayoría de los veracruzanos, es encontrar la actividad "que les permita a estas personas vivir con dignidad¨.

 
Lo que vale allá un mexicano

Hasta el día de hoy, la mano de obra del común de los campesinos mexicanos, no vale más de cien pesos diarios, al cruzar la frontera, su fuerza de trabajo (en el supuesto de que sí encuentren empleo) adquiere un valor ocho veces mayor según explica Enrique Buj Flores, mientras esto siga ocurriendo, el flujo migratorio de mexicanos hacia los Estados Unidos, va a continuar. 

"Aquí está más dura la manera de vivir, aquí pa´que gane uno cien pesos y pa´mantener a toda la familia, pues es poquíto" asegura Simón López Zaragoza.

Por su parte, Francisco Jiménez, sabe lo que es haber estado del otro lado ganando billetes verdes y haber regresado a Veracruz a intentar lo que ya una vez no pudo, que es sacar a su familia adelante:

¨Uno no puede estar marginado con la familia que no tenga para mantenerse, yo tengo que ver donde poder ir a ganar, ok yo estoy de acuerdo que abandona uno nuestro hogar y nuestra familia, ¡pero hay necesidad de salir!, ¿porque? porque el gobierno nunca pone ninguna fábrica, ni cosas buenas para el trabajo, para superación de nuestro municipio¨.

Pascual Calderón también acaba de regresar de los Estados Unidos, trae la idea de quedarse pero no está seguro de que eso se vaya a poder, él relató la diferencia entre lo que puede ser estar allá y lo que es estar aquí.

"Mucha gente que no estaba allá, imagínate, ya fue allá y mejoro su situación económica y todo eso, tu sabes que se gana más dinero que aquí, en cambio allá son dólares y aquí dinero mexicano, vienes y lo cambias y es más".

 

Mejoran los pueblos con las remesas

Así, siguen los testimonios que revelan que en la actualidad los pequeños poblados encontraron la forma de salir adelante mediante las remesas. Francisco Jiménez afirma que Landero y Coss "ha tenido superación gracias al otro lado", y si bien reconoce lo doloroso que es que ¨las casas se queden vacías¨, piensa también que más vale el sacrificio: "¡cierto es!. pero hay muchos niños todavía, hay mucha cuestión por delante".

Calixto Carranza López es uno de los pocos habitantes de Coyolillo que no se ha ido a Estados Unidos, por lo que le ha tocado se testigo de los cambios que ha habido en su pueblo: "ya ha mejorado primo, aquí el pueblo estaba más pencón, las casas estaban como aquí (la suya)  y ya ahorita ya cambiaron mucha las casitas". Cuestión de tiempo para que él quiera que su casa ya no esté ¨pencona¨.

Cada quién por su lado se las arregla y arma su negocio, las remesas dan la oportunidad a los familiares de los migrantes a que generen su propio patrimonio, en el caso de Coyolillo, lo ideal sería que la gente tuviera trabajo bien remunerado en el campo, según consideró Simón López, sin embargo como esto no es posible, el papel de las remesas se vuelve fundamental: "mucha gente va invirtiendo, el que no compra carrito va arreglando su casita y hay se la van llevando, la mayoría está teniendo casitas, terrenitos, como la gente  no tiene donde trabajar van comprando pedasillos de terreno que van vendiendo".

Eugenia López López es madre de cuatro hijos que se fueron a Estados Unidos hace seis años y desde entonces no han regresado, con todo y su casa de material, limpia y recién pintada, ella está sola: "ahorita no han venido, ya tiene seis años".


El delito de llevar y traer "mexicans"

Es mejor traficar personas que drogas, porque se puede ganar más dinero sin que la justicia mexicana tenga  las armas legales suficientes para ejercer castigos como en el caso del narcotráfico, así de claro nos lo explicó Enrique Buj Flores: "ya en este momento es más lucrativo tratar con personas que entrar al narcotráfico y las sentencias son infinitamente menores, el delito del narcotráfico es extraordinariamente punible con sentencias altísimas en México y Estados Unidos, las sentencias en México y EU son muy inferiores, en México ni siquiera se ha tipificado plenamente el delito de trata de personas, en México a los coyotes no existe una legislación que los combata".

Hace cinco años el preció para pasar sin documentos a los Estados Unidos podría ser de entre 500 y mil pesos, ahora son entre cinco y diez mil pesos.

Aún cuando en México no existe legislación que combata la labor de los coyotes, y su trabajo de trata de personas los hace menos sensibles día a día por las grandes sumas de dinero que se obtienen, ser Coyote tiene sus puntos en contra, así nos lo expresa la esposa de Eloino López, Coyote de Coyolillo.

La señora, (no quiso revelar su nombre) nos dijo que su marido "se va por ocho o diez días" cada viaje sin que ella y su hijo Guadalupe puedan tener noticias suyas, además, según nos comentó, su esposo tiene jefes estadounidenses: "son hombres bien estrictos, yo la mera verdad ese trabajo nunca me ha gustado, este trabajo es como una pasada, varios pasan por este trabajo y lo dejan, trabajan un tiempecito y lo dejan, yo al menos tengo a mi hijo y mi pensamiento es que estudien, allá los están pervirtiendo más".

Así los polleros sean inhumanos y el desierto azote a los migrantes con temperaturas de más de 50 grados, o viajen escondidos en camiones de volteo bajo toneladas de graba, o metidos en pipas, etc, la verdad para francisco Jiménez es una: "pa´ganar tu sabes que tienes que arriesgarle, tu sabes que tienes que arriesgar tu vida".

La sangría para las pensiones

El fenómeno de la migración tienen su impacto en el ya de por sí quebrado sistema de pensiones mexicano, esto debido a que los mexicanos que viajan a trabajar a los Estados Unidos, al estar plenamente sometidos a las condiciones laborales de los patrones, pagan impuestos a cambio de nada.

Esto quiere decir que México exporta "sus mejores hombres y mujeres" a contribuir a las finanzas de otro país, luego de que, mientras fueron menores de edad, recibieron educación, atención médica, e hicieron uso de la infraestructura que ofrece el estado, por deficiente que esta sea. Según cifras oficiales, durante los próximos 10 años México va a exportar entre 10 y 15 millones de jóvenes que se supone tendrían que ser los contribuyentes que van a pagar las pensiones de quienes hoy están cerca de jubilarse.

"Nuestros paisanos va a Estados Unidos y pagan sus impuestos, los patrones les deducen su contribución al seguro social, contribuciones que van a dar a los nombres falsos que nuestros paisanos utilizaron  y del cual nunca se van a beneficiar, consumen en EU y pagan el impuesto a la venta, entonces primero es un gran mito que nuestros paisanos significan una carga fiscal para los Estados Unidos", asegura Enrique Buj.

La señora Eugenia López López dice que sus cuatro hijos ya piensan regresar porque "ellos todo tienen que pagar", y agregó: "Pues, decimos que no les ha ido muy bien por que creo que la situación así como ellos andan, pues todo tienen que pagar".


Puede ser que regresen

Podría suscitarse que, "ante la escasez de la mano de obra en algunas areas agrícolas mexicanas se empiece a pagar mejor el jornal y de esa manera tal vez se empiece a arraigar la gente", consideró Enrique Buj.

Pascual Calderón regresó a Landero y Coss después de tres años y compró animales de engorda, él espera quedarse con su familia. Todo dependerá, como él dice, de que pueda vender bien sus animales e iniciar un negocio.

Francisco Jiménez también pretende quedarse: "ahorita traje mi troca, voy a empezar a trabajar aquí, yo he trabajado siempre en carnicería y primeramente Dios voy a empezar a trabajar ya aquí y voy a ver si puedo lograr algo".

Según le han platicado sus cuatro hijos, Eugenia López López dice que los trabajos en Estados Unidos "ya están pencos también y que como ya hay mucha gente ya se está agotando el trabajo, ellos dicen que ya ora en noviembre y diciembre pusieron el tiempo en que ya se van a regresar".

Según cifras del Consejo Nacional de Población (Conapo) el flujo migratorio de mexicanos hacia el país del norte continuará con la misma tendencia hasta el año 2025, esta taza se irá reduciendo hasta un punto en que para el 2050 ya no habrá migración de nuestros paisanos hacia los estados Unidos.