jueves, 5 de agosto de 2010

“Si llueve, me baño ¿Cómo ves?”; Mandinga, sin agua hace 3 semanas

Brenda Lira Guevara

Los habitantes de la popular Mandinga están desesperados porque llevan tres semanas sin agua potable. A sus protestas se unen pobladores de comunidades aledañas quienes han cumplido un mes sin el vital líquido.

Se quemó la bomba que suministra el agua en aquella zona de delicias culinarias, y las autoridades de Alvarado no han resuelto el problema, argumentando que “no tienen” dinero”, exclamaron los inconformes.

El en centro de Mandinga, se congregaron los afectados, en su mayoría mujeres, quienes se prepararon con simpáticas pancartas para llamar la atención de las autoridades. Tenían además sus bocinas para la ocasión y habían ensayado sus consignas.

“Si llueve, me baño, ¿Cómo ves?” rezaba un cartel, mientras que en entrevista, una señora le advertía al alcalde Bogar Ruiz: “Bogar, te hablo con respeto, mándame el agua porque por eso la pago” y luego perdió la seriedad: “si viene Bogar, ¡entre todas las viejas se lo madrean!”.

A raíz del corte del suministro, los vecinos han tenido que comprar pipas de agua potable, cuyo precio oscila entre los 650 y 800 pesos, todo con la finalidad de seguir con la actividad restaurantera que tan famoso hace al lugar, pero también de cubrir sus necesidades básicas.

Y los que no tienen dinero, han recurrido a recolectar el agua de lluvia o cavar pozos. Incluso, los habitantes de las comunidades Labuada y El Zapote, quienes tienen un mes sin agua, no han podido comprar pipas porque los accesos no permiten la llegada de vehículos pesados.

Orgullosas, las señoras advirtieron que siempre están al corriente de sus pagos para cuidar el abasto debido a los servicios que ofrecen al turismo.

Finalmente, los afectados advirtieron que si en dos días no les reestablecen el servicio, llevarán su manifestación al palacio municipal de Alvarado.

En mandinga hay unos 4 mil 500 habitantes y se calcula que hay otras mil personas afectadas en comunidades cercanas.

jueves, 29 de julio de 2010

Su esposa murió por negligencia médica en el parto y él decidió ahorcarse

El joven Vicente Morales López pasó ocho meses deprimido por la muerte de su esposa a causa de una negligencia médica. Ayer no pudo más y se ahorcó en su cuarto, donde conservaba la ropa de su pareja, Johana Marlen Cerón Velázquez.

“Se cerró un capítulo sin respuesta”, decía, buscando agarrar alguna explicación con sus puños, la madre de Johana Marlén, doña Ana María Velázquez, al pie de la puerta de la casa donde aún yacía el cuerpo de su yerno.

La joven madre de 17 años dio a luz a una bebé, el 15 de noviembre de 2009, en el Hospital de Tarimoya, municipio de Veracruz. "El doctor Jiménez" le dejó la placenta dentro de la matriz y lo que sobrevino fue una serie de operaciones para intentar remediar la negligencia. La adolescente murió el 5 de diciembre.

Doña Ana María, la más afectada de los presentes, contó una confesión de Vicente de la noche anterior a su suicidio, había soñado con Johana. "Me dijo que fue un sueño bien chido, como hablan ahora los jóvenes. Le pregunté qué soñó y me dijo que eran cosas íntimas, me dijo: no le puedo decir, jefa pero tuve una noche feliz con mi chaparrita".

La presencia de los reporteros fue un leve bálsamo para los familiares que buscaban, desesperados por completo, se escuchen sus exigencias de justicia. Hace dos días querían esclarecer la muerte de la joven madre de 17 años, hoy levantan los hombros, lloran, gritan y se preguntan qué pasó, por qué… qué pasó.

Idos los padres, queda huérfana la bebé de ocho meses, Johana Marlén Morales Cerón, quien presenciaba, sonriente y juguetona, el velorio de su padre. Para ella exigen “una beca” que le permita aspirar a más que vivir en la pobreza de la colonia Ana Carreto, del Puerto de Veracruz.

Vicente Morales ya había intentado suicidarse. La última vez, “hace una semana y media”, fue encontrado con la soga al cuello pero lograron detenerlo. Tenía poco tiempo de haber ido al Ministerio Público a consultar si habría algún avance en las investigaciones sobre la muerte de su esposa.

Ayer, sus familiares salieron “por unas despensas del DIF” y lo dejaron solo con su bebé, quien presenció la muerte de su padre.

domingo, 13 de junio de 2010

Veracruz debe suplir Tenencia para pagar bursatilización: Standard & Poor’s

Al desaparecer el Impuesto de la Tenencia Vehicular, el gobierno de Veracruz deberá crear otro impuesto, utilizar alguno ya existente o afectar otros rubros de sus participaciones federales.

La bursatilización de dicho gravamen ha sido elemento central de las campañas políticas. En el debate han estado los candidatos a la gubernatura del PRI y PAN, y hasta el actual mandatario, Fidel Herrera Beltrán.

Cuando el abanderado de PAN-PANAL, Miguel Ángel Yunes Linares anunció que desaparecería dicho impuesto en 2011 en caso de ganar la elección, el abanderado del PRI-PVEM, Javier Duarte, hizo lo propio.

En tanto, Herrera Beltrán se adelantó a presentar la iniciativa para desaparecer el impuesto. Todo lo anterior a pesar de que está establecido que en 2012 la federación desaparecerá la Tenencia Vehicular en todo el país.

La calificadora Standard & Poor’s advierte que si el cobro de la Tenencia Vehicular desapareciera, "la fuente de pago de los certificados se vería amenazada", por ello, la operación bursátil contempla un mecanismo de seguridad.

El contrato de la operación garantiza que lo tenedores de los papeles de deuda (son bancos en este caso) sigan recibiendo su dinero proveniente del erario público de Veracruz, de ahí las acusaciones de Yunes hacia Duarte.

"La documentación legal de la operación obliga al Estado de Veracruz a afectar al fideicomiso emisor algún impuesto que cumpla con los mismos términos y condiciones

tributarias y que cumpla con el nivel de cobertura mínima de servicio de la deuda establecido".

Ello no implica que Javier Duarte, ex secretario de Finanzas de Veracruz, haya firmado un compromiso para crear un nuevo impuesto, como acusa el candidato del PAN a gobernador de Veracruz.

Incluso, Veracruz puede no tener un impuesto "de esa naturaleza", si embargo, estaría obligado a sacar dinero de las participaciones federales que conforman el Presupuesto de Egresos de cada año.

lunes, 8 de marzo de 2010

Sin ventanas pero feliz

Un jarocho, joven y amanerado, se salvó hoy de que los vidrios de sus ventanas se le enterraran en la cara.


Llegó a su casa, abrió la puerta, entró y la cerró lentamente. Más despacio que de costumbre, dijo. Eran las 5: 17 de la tarde. En las casuchas de enfrente, dentro de la vecindad, explotó un tanque de gas.


Los muros de los infortunados cayeron y las estructuras se pandearon. Adentro quedaron achicharrados los electrodométicos y las televisiones. En casa del jarocho volaron los vidrios y se incrustaron en su puerta.


El estruendo lo hizo saltar y sobresaltarse cual santa madona. Lo digo porque así lo dijo él, burlándose de sí mismo y de su casa ahora con exceso de ventilación.


En medio de sirenas y movimientos de los cuerpos de seguridad, el político famoso escuchó cuando me lo contaba. se acercó y le preguntó si él era el dueño de la casa sin vidrios y cuarteada. Sí, yo soy, le respondió. Te vamos a apoyar, le prometió. Ok, gracias, le dijo, importándole un carajo.


No lo reconoció y tampoco le hizo caso porque estaba absorto observando a los soldados que llegaron -con capuchas y armas largas- a descartar que se haya tratado de un explosivo de los malosos y aplicar el plan DN III.


Explosiones, virilidad, olor a quemado y cámaras de televisión frente a sus ojos. Y en su casa.


Hoy duerme con la brisa rodeando sus aposentos, lleno de vida y a salvo de las falsas promesas.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

La otra industria del puro en San Andrés descrita por el "catador de Turrent"

Raúl Moreno Colí eligió al azar uno de sus puros robustos. Lo tiró al suelo, lo pisó y dijo: "si recupera su forma original, es que es un buen puro". En unos segundos quedó tal como estaba. 


A los 13 años ya pasaba sus días entre hojas de tabaco y a los 16, cuando la Ley se lo permitió, comenzó a trabajar en la fábrica más famosa de San Andrés Tuxtla, Veracruz. Hoy cuenta con orgullo que laboró ahí 40 años y fue el "catador  oficial" de la prestigiosa marca de la familia Turrent.

 

En los primeros días de la industria desfilaban los cubanos que venían a enseñar, ahora -dijo con seguridad- vienen a aprender.


Con el paso de los años, se grabó los tamaños, grados de fermentación, tipos de hoja y sus cualidades y aromas. 



Hoy, como un alquimista romántico, sabe cómo mezclarlas para que el puro le regale su mejor esencia. Así, colaboró en la creación de las "ligas" Turrent y Te Amo junto con uno de sus maestros, el cubano Pedro Gómez "el último de los 

cubanos" que echó raíces en la tierra del Salto de Eyipantla. 


Además de Pedro Gómez, fueron sus maestros José García Montes, "un señor cubano purero que se las sabía de todas todas" y Álvaro González, antiguo socio de la fábrica a quién le decían "Papi". 


Eran épocas en la que el negocio era manejado por los propios empleados y trabajaban con un cariño que, a juzgar por los ademanes de "Colí" al hablar, pudiera ser la causa de que el nombre de los famosos puros sea "Te Amo". 


Detrás de su casa, atravesando su jardín fresco con olor a cítricos y pasto recién cortado, Raúl Moreno Colí tiene su pequeña fábrica de puros. Los Moreybas, que son los suyos, dice que son mejores que los Te Amo, a los que quiso por cuatro décadas. 


La fabricación de un bueno puro, dijo, comienza con la elección del tabaco: Años atrás, Álvaro González ya se había mudado al centro de la República y encargó un cargamento de tabaco en San Andrés. 


Al pararse frente a las gabillas de tabaco, pidió que le abrieran una y tomó el aroma con sus manos echándoselo a la cara como si fuera agua. Aspiro profundo. Pidió que le abrieran otra, otra y otra más. 



Al cabo de 12 paquetes dijo que no se llevaría ninguno porque le habían mezclado hoja de la que no sirve a la que sí sirve. 

El Morrón roto le ayuda a Colí a hacer las ligas que le gustan, le da un sabor "dulzón" al puro, y hojas claras, "término medio". 


Cuando compra su tabaco, ahí mismo frente a sus surtidores, se hace una tripa (un puro de prueba) y elige sus combinaciones. Se fija que tenga sabor al momento de que el humo esté en la boca, pero que se lo lleve al salir, que no pique en la garganta ni la deje muy impregnada para así poder saborear con paladar renovado la nueva bocanada. 


Como él, hay unos 40 pureros independientes quienes llaman a sus pequeñas fábricas "chinchales" y son una molestia para las grandes fábricas, ya que estas aducen que venden puros de menor calidad y precio y les afectan sus 

ventas. 


No obstante, convencidos de su calidad, los "chinchaleros" han intentado agremiarse en una integradora que les permita comercializar sus puros en el mercado nacional. Hasta hoy no lo han logrado. 


Los grandes consorcios, que exportan el 60 por ciento de su producción, quisieran que los chinchaleros desaparecieran. Pero no lo harán, seguirán llevando paquetes de hojas de tabaco a sus casas, donde nadie los molesta. 


En el tranquilo San Andrés, viven pensando en la fermentación de sus hojas, en la fortaleza de sus puros y en su aroma (liga), en los apuntes de sus experimentos, en elegir entre hoja primera, segunda, morrón, cuarta y quinta. 


Una vez que elija el morrón, habrá que ver si ocupa roto (el dulzón), oscuro o claro. Y definir la capa, si es con "primera o con segunda", dijo don Raúl Moreno Colí, el "Catador de Turrent" sosteniendo con sus manos sexagenarias una tripa que habrá de servirle para crear el aroma de ese día. 

lunes, 2 de noviembre de 2009

Consejos de un mariachi desde el panteón para vivir mejor

Por única vez en el año, había más personas con vida que sin ella en el camposanto. Unos acompañaban a sus muertos y otros se ganaban la vida vendiendo comida impregnada de polvo de panteón, en el fresco y ventoso 2 de noviembre que se “vivió” en el puerto jarocho.

A las 11:13 de la mañana, la marimba comenzó a entonar “amor eterno” en el abarrotado Panteón Jardín de la Ciudad de Veracruz. 50 metros más adelante, el mariachi consolaba a los familiares de un difunto diciéndoles que “la vida es un sueño”.

“¡Cuando me muera no voy a llevarme nada!” cantaba una voz quebradiza sobre las tumbas, y afuera del Panteón Jardín los vendedores lanzaban agrias quejas contra el ayuntamiento que se dio vuelo cobrándoles “por metro” de banqueta para vender comida y flores.

364 pesos pagó por cada metro una señora dedicada a vender flores, que se reservó su identidad “porque desgraciadamente soy roja”, aludiendo a su afinidad al PRI, y advirtió, jocosa, que “¡Jon (Rementería, alcalde) se está pasando de lanza!” con las cuotas impuestas por su administración.

El mismo sentir se encontraba en cada puesto de vendimia, y aunque el mariachi dijera que al morir “nomás me voy a llevar un puño de tierra”, los comerciantes informaban a los reporteros sobre las tarifas arbitrarias que habían pagado al municipio de Veracruz, lo cual ya les había asegurado irse a casa con mucho menos dinero de lo que esperaban.

Pagaron cuota todos: la señora de las cocadas, la de los esquites, la de las flores, la de los cocos y caña de azúcar, la de los chiles rellenos y atole, la de los cacahuates y hasta el de la bicicleta que vendía “agua limpia” para los arreglos florales de las tumbas.

Fue un lunes tranquilo en la ciudad y agitando en la morada de los difuntos. Mientras en el zócalo y otras zonas conflictivas el tráfico fluía con rapidez, un agente de tránsito se quejaba de su brazo entumido de tanto hacer la señal de “avance” desde las 7 a.m. afuera del panteón, ante la burla de los franeleros que se dieron cita.

Hoy todo seguirá igual. Las tumbas, apretadas bajo el acecho de la hierva, los muertos a descansar y los vivos a “darle gusto al gusto” porque “la vida pronto se acaba”.

martes, 13 de octubre de 2009

El Gafitas

-Mira los labios de la mujer que está cantando y verás cómo te la pasas bien, muchacho.


-Pero yo vine a pasármela bien con usted, además, ya le pagué para que usted la pase bien conmigo, por qué me sale con eso?


-Mírele usted los labios, jovencito, verá como no se arrepiente.


Y los miré y los miré y no encontré nada, al menos en los tres minutos que duró mi intento. Aquella mujer horrible en sus modales y peor aún en su forma de vestir tenía anonadados a los y las asistentes al bar que alguna vez fue teatro, al teatro que alguna vez fue fuente de sueños. 


-Mírele usted los labios-, me dijo la puta burlona, sacándome del trance y ofreciéndome otro trago adulterado


Bebió su agua mineral pintada con coca cola. Todo a cuenta mía. De hecho, a este paso, me quedaba tal vez una media hora de estancia sentado en esa mesa, dependiendo de qué tanto me dejara engatusar por esa dama sin edad más cargada de mañas que un corredor de bolsa.


-Mírele los labios-, insistió la vieja cabrona.


-Bueno chingadamadre!!!!-, dije yo, como todo un hombre. Ella sonreía.


Los sueños rotos que buscaban redención en los labios de la mujer que contaba historias, ataviada con vestuarios despintados desperdiciados por la gran diva del desierto, la que hace mucho (o poco, según lo fresco de la memoria), había dado brillo a aquel lugar al fondo de un tobogán, allá donde quedaban estacionados los sueños de los amorosos y resignados que, de una u otra forma, llegaban con el pecho hinchado buscado una musa y tranquilidad.


-Mírele bien los labios-, escuché que otra mujer dijo en la mesa de junto. Estaba acompañada de un siniestro hombre arrugado de porte sombrío, blanco como lo blanco y viejo como lo viejo, de manos ansiosas que buscaban el botón de la flor de manera abrupta y desenfrenada bajo la mesa para dos. 


Yo me encontraba en avanzado estado de ebriedad, cosa que pudé deducir por mi forma de obedecer a la madame que me daba órdenes. Y yo por más maldiciones que escupiera, siempre las coronaba con una sonrisa.

 

Ese hombre más muerto que vivo y yo, fuimos los elegidos para el entretenimiento. 


-¡Caro¡-, gritaron esos labios sobre. El viejo ansioso de la mesa aledaña botó el lívido al suelo y enderezó su columna retorcida, ya no era un buitre de orejas escondidas entre los hombros dispuestos a babear sobre su prostituta y acompañante, ahora era el padre de todas las sombras proyectadas por al luz tras abrazar el cuerpo delicado de la próxima mujer en oferta. Caro, Carolina. Ella ni siquiera tuvo la delicadeza de buscarse un nombre falso. Caro, la hija de ese ser descarnado de ojos vidriosos, no tardó más de cinco segundos para encontrar un cliente.


El rictus de dolor dibujó una mueca congelada en el rostro de ese hombre en desgracia. 


Mi acompañante cumplió con su papel dentro del show y me aseguró que ni todo el dolor que pudiera sentir ese "desgraciado" podría compararse con el de su hija, ultrajada y vejada repetidas ocasiones por el que hoy lloraba fingiendo dolor paternal.


-¡Caro, Caro!-, gritaba ahora él. 


-Caro, Caro!-, lo arremedaba la mujer de los labios carnosos, postrada orgullosa en el escenario.


El terror se apoderó de mi y me paralizó. Clavé la vista en la mesa, enfoqué la mirada en el logotipo impreso en el mantel. Comenzó el martirio:


-!Sara!.


Maldición. Sara. 


En el logotipo sobresalía un monigote lujurioso con un moño en el cuello como único atuendo y un ridículo sombrero rosado cubriéndole sus partes.


-¡Sara, Sara, Sara!, gritaba la multitud. 


Dos segundos antes de que la madre de mis dos hijos encontrara acompañante, noté que el monigote lujurioso del mantel no tenía rostro y estaba parado sobre una charola de mesero cargada por tres lindas mujeres ataviadas en unas largas batas blancas.


-¡Eso es entretenimiento!, gritó un asqueroso maestro de ceremonias apodado "Gafitas", que irrumpió el escenario para dar por concluido el show en medio de fanfarrias burlonas y alabanzas de los comensales.